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22 de agosto de 2025
Descubre como aumentar tu motivación y productividad para superar el hábito de dejar las cosas para mañana.
Escrito por:
Ps. José Verdejo C.
“Siempre pienso que mañana tendré más energía y claridad para empezar… pero ese mañana nunca llega, y el peso de lo pendiente se hace cada vez más grande.”
¿Alguna vez te has visto posponiendo una tarea importante, a pesar de saber perfectamente que te sentirás peor después?. Este comportamiento tiene un nombre y una explicación científica. El Dr. Piers Steel, uno de los investigadores más destacados en el campo de la procrastinación, la define como un “retraso irracional”.
Esta definición es clave porque diferencia la procrastinación de un simple: “mejor lo dejo para despues.” No se trata de posponer algo porque has decidido que otra tarea es más urgente. La verdadera procrastinación es un acto voluntario de retrasar una acción a pesar de prever que ese retraso te perjudicará más adelante.
En el fondo, procrastinar es una forma de fallo de autorregulación. Es saber lo que deberías estar haciendo y, aun así, no ser capaz de hacerlo. Te dices a ti mismo/a: “Debería empezar el informe”, pero terminas ordenando tu escritorio, revisando el correo o viendo un videos en tik tok.
Este comportamiento no es un defecto o algo atribuible a la personalidad; No es simple pereza, es una respuesta compleja a factores psicológicos que podemos entender y gestionar. Es por ello que comprender que estás lidiando con un “retraso irracional” es el primer paso para empezar a buscar soluciones efectivas, en lugar de culparte por ello.
Para entender por qué procrastinamos, te voy a compartir la formula que desarrollo el Dr. Piers Steel y que llamó la “Ecuación de la Procrastinación”, basada en su teoría de la motivación temporal (TMT).
Esta fórmula no es solo algo académico; es también una herramienta poderosa que descompone la motivación en cuatro variables clave.
Cada componente influye en tu deseo de actuar (o de no hacerlo):
Expectativa: Se refiere a la confianza en que puedes completar la tarea con éxito. Si tu expectativa es baja, es decir, si crees que vas a fallar o que la tarea es demasiado difícil, tu motivación se desplomará. Este concepto está muy ligado a la autoeficacia, la creencia en tus propias capacidades.
Valor: Representa que tan gratificante o placentera encuentras la tarea y su resultado. Si una actividad es aburrida, tediosa o desagradable, su valor es bajo. Esto se conoce como aversión a la tarea. Por el contrario, si la tarea es interesante o su recompensa es muy significativa para ti, el valor será alto y tu motivación aumentará.
Impulsividad: Esta variable mide tu sensibilidad a la distracción y tu tendencia a buscar la gratificación instantánea. Cuanto más impulsivo seas, más probable es que una distracción (como una notificación del telefono) te desvíe de tus objetivos a largo plazo. La impulsividad es el enemigo directo de la concentración.
Retraso / Demora: Se refiere al tiempo que transcurre entre el momento presente y la obtención de la recompensa por completar la tarea. Nuestro cerebro tiende a valorar menos las recompensas futuras. Este fenomeno es conocido como descuento temporal. Cuanto más lejano sea el retraso, menor será la motivación que sentirás ahora.
La ecuación nos muestra que para aumentar la motivación, necesitas maximizar la expectativa y el valor (el numerador) y minimizar la impulsividad y el retraso (el denominador).
Para entender por qué a veces nos autosaboteamos al posponer cosas importantes, tenemos que mirar dentro de nuestro cerebro. La procrastinación es, en esencia, una batalla entre dos sistemas cerebrales con prioridades muy diferentes: El Sistema Límbico y la Corteza Prefrontal.
El sistema límbico es una de las partes más antiguas y primitivas de nuestro cerebro. Está asociado con las emociones, el placer y la recompensa. Es el sistema que grita: “¡Quiero sentirme bien AHORA!”. No le interesan los planes a futuro ni las consecuencias de tus actos; solo busca la gratificación instantánea. Cuando eliges ver otro capítulo de tu serie en lugar de trabajar en tu proyecto, es tu sistema límbico el que ha ganado la batalla, buscando el alivio inmediato del estrés o el aburrimiento que supondría aquella tarea tediosa.
Por otro lado, tienes la corteza prefrontal. Esta es la parte más evolucionada de tu cerebro, el “CEO” responsable de la planificación, la toma de decisiones, la concentración y el autocontrol. Es la voz de la razón que te dice: “Si trabajas en esto ahora, obtendrás una buena recompensa y te sentirás orgulloso/a en el futuro”.
La procrastinación ocurre cuando el impulso emocional del sistema límbico anula la lógica y la planificación de la Corteza prefrontal. Es un claro ejemplo de fallo de autorregulación. Tu cerebro sabe cuál es la opción más beneficiosa a largo plazo, pero la promesa de un alivio inmediato que ofrece el sistema límbico es, en ese momento, mucho más fuerte.
Reconocer esta lucha interna no te exime de responsabilidad, pero te ayuda a entender que no esto no es solo ser “débil” ante los impulsos, sino que estás experimentando un conflicto neurológico muy real y muy humano.
La procrastinación no es solo un mal hábito de gestión del tiempo; sus consecuencias van mucho más allá de las entregas tardías o las noches en vela. Postergar de forma crónica puede tener un impacto profundo y negativo en casi todos los aspectos de tu vida y bienestar.
El costo más evidente es el académico o profesional. No cumplir con los plazos, entregar trabajos de menor calidad por falta de tiempo o no prepararse adecuadamente para reuniones importantes puede dañar tu reputación, limitar tus oportunidades de crecimiento y, en última instancia, afectar tu seguridad laboral o tu éxito académico.
Sin embargo, los costos más dañinos suelen ser invisibles. A nivel psicológico, la procrastinación alimenta un ciclo tóxico de estrés, ansiedad y culpa. La tensión de tener una tarea pendiente constantemente sobre tu cabeza genera un estrés crónico que agota tu energía mental. Cuando finalmente te enfrentas a la tarea a último minuto, la ansiedad se dispara. Y una vez que la entregas (o no), la sensación de culpa y la autocrítica por no haber empezado antes pueden destruir tu autoestima y tu sensación de autoeficacia.
Este estrés crónico no solo afecta tu mente, sino también tu cuerpo, pudiendo provocar problemas de sueño, dolores de cabeza y un cansancio crónico. Incluso tus relaciones personales pueden verse afectadas, ya sea por cancelar planes debido a compromisos de última hora o por la irritabilidad que genera un estrés persistente. En definitiva, el alivio temporal que sientes al postergar una tarea tiene un precio muy alto a largo plazo.
Ahora que entendemos la ciencia detrás de la procrastinación gracias a la ecuación de la procrastinación, podemos usarla como un mapa para desarrollar estrategias concretas. La clave es ajustar cada una de las cuatro variables a nuestro favor.
Si sientes que la procrastinación se está interponiendo entre tú y las metas que realmente te importan, este puede ser un buen momento para detenerte y mirar hacia dentro. La terapia puede ayudarte a entender qué hay detrás de esos bloqueos y a encontrar nuevas formas de avanzar con mayor claridad, motivación y amabilidad hacia ti.
También puedes comenzar con un primer paso sencillo: hacer el test de procrastinación para descubrir en qué aspectos podrías enfocarte.